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lunes, 30 de julio de 2007

LA REAL AUDIENCIA DE QUITO

Dicen que se decía por aquellos tiempos de la Colonia (y aún por estos):

“Colombia es una Universidad, Quito un Convento y Venezuela un Cuartel”

Y fama no le sobraban a ninguna de las tres, y fama aún siguen teniendo las tres; aún admiramos la fina cultura colombiana, nos asombramos con el arte colonial quiteño y nos resistimos a seguir siendo un cuartel en esta Venezuela de nuestros dolores. Para un civilista, para un humanista civilista, nada más despreciable que todo aquello que anima vida y espíritu cuartelario. Aún con todo el humanismo universitario o con toda la piedad conventual difícilmente podemos aceptar el pensamiento cuartelario. Es muy cierto que ni la guerra ni el cuartel han producido avances en la humanidad del hombre. Nada más antitético que expresiones como Ciencias y Artes de la Guerra, la cual ni es un arte ni constituye una ciencia. A todo lo que se etiquete como tal lo desfigura, así como no será música si es Música Militar y tampoco suele ser Justicia cuando es Justicia Militar… etc.

Lima es un Convento, Arequipa es un Convento, Cusco es un Convento, Quito es un Convento, Franciscanos (1534), Mercedarios (1535), Dominicos (1541), Agustinos (1573) y Jesuitas (1586), mas Clarisas y el Carmelo y la Asunción, en fin, lo más granado del misticismo hispano.

Se sabe con certeza que para el siglo XIV el territorio estuvo dividido entre varios estados guerreros y distintas lenguas. A inicios del siglo XV, la nación Cara, dirigida por la dinastía Shiri, comenzó a expandirse al norte y centro de la pre-cordillera andina. Los Cara se asentaron en el reino de Quito, que era la unidad mayor de una confederación que no ha dejado registros históricos. Por la misma época, tanto la nación Chimú, proveniente de la zona costera norte del Perú, como el Imperio Inca comenzaron a ejercer presión sobre los Cara y demás pueblos asentados en la región. En el año 1478 el inca Topa Yupanqui unificó los pueblos agrícolas ecuatorianos. En pocos años, la región norte del Tahuantisuyu adquirió gran importancia económica y Quito fue su centro comercial. Pero la rivalidad por la sucesión entre el quiteño Atahualpa y el cusqueño Huáscar disminuyó el poderío del imperio. De esta situación sacaron partido los conquistadores españoles, quienes al mando de Sebastián de Benalcázar sometieron al reino de Quito en 1534. Sebastían de Benalcázar, cuyo nombre original era Sebastián Moyano, había nacido en el cordobés pueblo de Benalcázar (o Belalcázar), de quien toma posteriormente el apellido.

Plaza Grande de Quito, al fondo la Iglesia Catedral
Monumento a los héroes del 10 de Agosto de 1809 (Foto A.E.B.)

De humilde mulero en Córdoba acompaña a Colón en su tercer viaje a América, en 1518 participa con Pedrarias en la colonización del Darién Panameño; en 1524 participa en la conquista de Nicaragua con Hernández de Córdoba y en 1530 se une a Francisco Pizarro y Diego de Almagro en la conquista del Perú.

Santiago de Quito fue fundada el 15 de agosto de 1534 en las llanuras de Liribamba por Diego de Almagro. Siete años después, Francisco de Orellana, partiendo de Quito en busca del país de la canela, descubría el Amazonas. El acta de fundación de Villa de San Francisco de Quito se constituye el 28 agosto de 1534. El capitán Sebastián Moyano de Benalcázar (o Belalcázar), el 6 de diciembre de 1534, reúne al cabildo de la Villa de San Francisco de Quito y luego de instalarlo distribuye solares a quienes iban a vivir en ella. Ahí comienza la larga andadura de una ciudad que fue Real Audiencia desde 1563 en que Felipe II expide una Cédula Real creando la Real Audiencia y Cancillería de San Francisco de Quito y después se convertiría en país para al final cederlo por el de Ecuador. Se extendía, por el norte, hasta Pasto, Popayán, Cali, Buenaventura y Buga, en el actual territorio de Colombia, y hasta Piura, en el Perú, por el sur. Su primer presidente o “Regente” fue el español Hernando de Santillán.

Iglesia y Convento de la Merced de Quito (Foto A.E.B.)

Iglesia y Convento de San Francisco de Quito (Foto A.E.B.)

En el año 1717 debido al cambio de la dinastía en España (Borbones por Austrias) comenzó un período de reformas administrativas hasta que, en el año 1740, la Real Audiencia de Quito fuera atribuida al Virreinato de Nueva Granada (antes Virreinato de Santa Fe de Bogotá), que se había establecido en 1717. Además el territorio de la Real Audiencia de Quito quedó reducido, pero al mismo tiempo mejor definido. Es decir que en vez de empezar en Piura, ahora partía desde Tumbes (frontera entre Perú y Ecuador). Igual se cortó parte de la Amazonía, pero dejando los dos márgenes del Marañon bajo el control de misiones que pertenecieron a la Real Audiencia de Quito. Judicial y socialmente, la Audiencia de Quito debía seguir los lineamientos del Virreinato del cual formaba parte.

Sebastián de Benalcázar

En el año 1592, sobrevino la revolución de las alcabalas. El Virrey del Perú ordenó implantar dicho impuesto y se produjo un verdadero motín urbano, en el que se asesinó al Procurador del Cabildo y se asaltaron las Casas Reales. Duró hasta abril de 1593, cuando las tropas enviadas desde Lima lograron restablecer el orden efectuando una cruel represión. Se consolida en el siglo XVII la nación Quiteña, altiva y religiosa, piadosa dada a devociones y culta dada a las letras. Las ciudades quiteñas se organizan y crecen. Y Quito, la capital, se convierte en ciudad monumental con templos que hasta ahora despiertan admiración y con una asombrosa obra de ingeniería y urbanismo logra vencer la más caprichosa y rota topografía siempre amenazada por el imponente volcán Pichincha.

La Real Audiencia es un organismo de administración de justicia real que proviene de la Edad Media, la primera se funda en Valladolid en 1371. Posteriormente Isabel de Castilla en 1494 la divide en dos, Valladolid con competencia hasta el río Tajo y Granada con competencia al sur del mismo río. La importancia es solo inferior a la de la Chancillería. La jurisdicción se extendía a todo el área que abarcase, bien sea este un reino o una provincia. Estaba presidida por un Regente y contaba con “Oidores” que eran jueces en la instancia civil y con “Alcaldes del Crimen” que eran jueces en la instancia criminal. Las sentencias de ellos solo podían ser revisadas en las Chancillerías.

Iglesia Catedral de Quito donde reposan los restos del Gran MariscalAntonio José de Sucre, el héroe de la Batalla de Pichincha (Foto A.E.B.)

A semejanza de las peninsulares, las Audiencias indianas se concibieron con el objeto de que fueran, no sólo órganos de justicia, sino también de control del gobierno y de consulta para las demás autoridades. Eran Tribunales Colegiados, compuestos por un número variable de Oidores y Jueces Letrados, y tenían además uno o dos fiscales y otros funcionarios menores. Debían, así mismo, resolver los conflictos de competencia entre otros magistrados y los "recursos de fuerza" intentados contra los jueces eclesiásticos cuando éstos excedían sus facultades o no actuaban con arreglo a derecho. Por vía de apelación, conocían en segunda o tercera instancia en las causas civiles y criminales falladas por los Gobernadores y las ejecuciones fiscales sentenciadas por los oficiales de real hacienda.

La Real Audiencia fue el más alto tribunal judicial de apelación en las Indias, pues contó con jurisdicción civil y criminal y una amplia competencia extendida incluso al ámbito eclesiástico. Esto último debido a una de las facultades que el Real Patronato otorgó a la corona. El Real Patronato era una serie de concesiones papales de una serie de privilegios que permitieron a los reyes españoles dirigir la iglesia en América hasta en sus menores detalles. Algunas de las prerrogativas contemplaban la facultad de nombramiento de todas las autoridades de la iglesia, el cobro de los diezmos (impuesto) y la fijación de los límites de las diócesis. Por otra parte, la corona tenía la obligación de financiar todos los gastos del clero, además de facilitar el cumplimiento de la misión evangelizadora y la edificación de iglesias, catedrales, hospitales y centros de beneficencia.

Sobre la Audiencia sólo estaba el Consejo de Indias, al que únicamente se podía recurrir en los casos de mayor categoría. Al mismo tiempo, este Tribunal Real asesoró a la autoridad política del territorio asignado a su jurisdicción y se constituyó en un organismo consultivo de vital importancia para los virreyes y gobernadores. Las Audiencias Americanas estaban organizadas, al modo del Consejo de Indias, como autoridades colegiadas. Se componían de letrados profesionales que, en principio, fueron cuatro Oidores y un Fiscal presididos por el Virrey o Gobernador de la zona. Con el transcurso del tiempo el número de estos funcionarios aumentó en los territorios más extensos. Cada año, rotativamente, un Oidor debía realizar viajes de inspección y judiciales por las provincias que formaban parte de la jurisdicción de la Audiencia. La primera Real Audiencia de América se funda en 1511 en Santo Domingo.

Iglesia y Convento de Santo Domingo de Quito
Delante la estatua del Mariscal Sucre señalando hacia Pichincha

En la Real Audiencia de Quito, la segunda mitad del siglo XVIII fue una época de ilustración y luces. El libro se hallaba al alcance de los quiteños. La Compañía de Jesús se había propuesto hacer de Quito un centro de cultura. Metódicamente los jesuitas fueron enriqueciendo las bibliotecas que crearon hasta límites de actualización increíbles, tanto en ciencias humanas como divinas. Las de la Universidad de San Gregorio y la de El Colegio eran las mejores del continente. Y si de construcciones hablamos la Real Audiencia de Quito llegó a tener el mejor conjunto colonial de obras eclesiásticas, superior a los que conozco del Virreinato del Perú.

El conjunto conventual de San Francisco, Iglesia y Claustros, el conjunto de La Merced, el de Santo Domingo, las Clarisas, Santa Teresa, y sobre todos ellos la Iglesia más bella que yo haya conocido, tanto del barroco americano como de los barrocos europeos, la Iglesia de la Compañía de Jesús de Quito. No en vano la Real Audiencia de Quito ha merecido con honores ser reconocida como la ciudad convento.

Fachada Barroca de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Quito (Foto A.E.B.)
Bóveda recubierta de pan de oro de la Iglesia de la Compañía en Quito (Foto A.E.B.)