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jueves, 7 de febrero de 2008

PRISCILIANO Y SU RASTRO EN ASTURIAS

PRISCILIANO
Y SU RASTRO EN
ASTURIAS

CRUZ DE LA VICTORIA


Un Santo del romano santoral, y por tanto, inexcusablemente ortodoxo, decía que:


“Aquel que tiene inclinaciones hacia la lujuria es compasivo y misericordioso; los que tienen inclinación a la pureza no lo son”

Pues aunque le parezca un revulsivo a morales de libro o encargo, este curioso aserto pertenece a San Juan Clímaco un conocido asceta palestino que vivió entre los años 525 al 600 y que la Iglesia Católica reconoció como Doctor de la Iglesia por los méritos de su vida como Abad de un cenobio en el Monte Sinaí y por su principal libro, escrito en griego, sobre la vida ascética, el Clímax (Clímaco es escalera para subir al cielo)

Este tremendo pensamiento, en un hombre cuya vida ascética es casi un paradigma de lo que es la antítesis de la lujuria, fue perfectamente glosado por E. M. Cioran, cuando escribió que:


“Para denunciar con tanta claridad y vigor, no las mentiras, sino la esencia misma de la moral cristiana, y de cualquier moral, era menester ser un Santo como Juan Clímaco, ni más ni menos”


Esto viene a cuento porque nuestro famoso hereje Prisciliano fue el primer abanderado de la predicación de la lujuria o al menos así se lo endilgó la historicidad. Pero vamos a profundizar un poco más en la curiosa herejía prisciliana, a la luz de lo que nos glosa Cioran sobre Juan Clímaco. Por cierto que, en algún momento, debemos prestarle a Cioran mucho interés porque fue otro de esos Heterodoxos que tanta ortodoxia nos agrega con sus impúdicos silogismos.

El mismo Cioran comenta, también, que los conflictos entre Herejía y Ortodoxia son tan actuales ahora como lo eran en los primeros siglos del Cristianismo. Presenciamos actualmente diatribas provenientes de ideólogos que tratan de dilucidar las irrealidades y lo no comprobable de todos los dogmas, no sólo de los religiosos de cualquier religión, sino también los dogmas sociales y los dogmas políticos. Cioran apuntilla diciendo que nuestro mundo sería mejor cuando cesen las pugnas entre unos y otros. Y que verdad tan grande, pues nada se ha dilucidado y en el camino han llevado a unos a los libros y a otros a las hogueras.

Es Prisciliano, para nosotros, el primer hereje en cuatro siglos de cristianismo, pero pueden suponer que no es la primera herejía que enfrentaba la ortodoxia eclesial. En efecto, en estos cuatros siglos ya se han sucedido muchas de las herejías que aún resuenan en sus oídos, entre las que destacaré, por más conocidas e influyentes en su época, el maniqueísmo, el gnosticismo, el arrianismo, y una larga lista de –ismos. Mucha de la obra escrita de Prisciliano se dedicó a demostrar los errores de estas herejías y su magna obra sobre esto fueron sus diez Tratados. Le cabrá a Prisciliano ser el primer hereje que pierde su cabeza por defender sus ideas teológicas que fundamentalmente pasan por un deseo de llegar a Dios por medio del conocimiento y del estoicismo. La historia vulgarizada de Prisciliano incide más en la parte anecdótica de las exteriorizaciones rituales de una semiótica al uso y que sirvieron más para cortarle la cabeza que para cortar sus ideas.

Es posible que la mayor parte de la historia vulgarizada de sus excesos en el sexo y en otros varios pecados oficiales sea producto posterior de sus enemigos para excusar las acciones contra él y no contra sus ideas. Se decía de él que rezaba desnudo y en presencia de mujeres. Curiosa denuncia ya que, si recordamos toda la imaginería del ascetismo, les llamará la atención que todos los ascetas o anacoretas son pintados en actitudes orantes y todos, poco menos que en “calzoncillos” de la época, casi casi que en porretas. Y si, como Prisciliano predicaba, no debía haber discriminación entre hombres y mujeres, ¿qué de raro podía tener la imagen descrita anteriormente? Vivía Prisciliano los últimos años del imperio romano, las costumbres y los usos habían entrado en una decadencia de la que participaba toda la sociedad a su alrededor.

Otras denuncias sobre eróticos bailes en los momentos de celebrar conjuros para consagrar las cosechas al Sol o a la Luna tienen que ver con las ancestrales costumbres celtas. No hay prácticamente culto religioso que no sea acompañado por estas mismas prácticas jubilosas. El Rey David bailaba desnudo ante el Arca de la Alianza, precediéndole en las procesiones. ¿Por qué iba a ser anatema en Prisciliano la misma práctica?

Toda la obra escrita de Prisciliano está libre de heterodoxias, toda ella destila una tradición teológica derivada de la de Orígenes. Cuando se le corta la cabeza a Prisciliano no se la cortan a él sino a todas las herejías que lo habían precedido en los siglos anteriores y que en sus últimas elucubraciones pretendían divinizar el cristianismo solo por prácticas estéticas. Se pretendieron rescribir los textos sagrados debido a su malísimo estilo literario por otros relatos más apegados a una lógica narrativa y más bella y más poética. Al final de esta curiosa elaboración llegaron a la conclusión de que la creación no era una consecuencia divina sino que era un producto del azar. Para el oficialismo cristiano esta última herejía era mucho más importante que todas las anteriores, pues atacaba la médula de las creencias teológicas. Pero de todas estas disquisiciones lo que Prisciliano defiende no es esta idea, o esta imagen en particular, sino el especial derecho que él tiene para poner en tela de juicio todas las ideas. Se declara a sí mismo como una especie de librepensador en estado puro y defiende la tesis de que los hombres puros no se equivocan y que por tanto pueden asumir riesgos. Aquí nace una de las primeras defensas del derecho al libre pensamiento que llevaría hasta sus últimas consecuencias otro hereje mucho más conocido, Lutero en el siglo XVI.

¿Queda algo del priscilianismo? Pues sí, nos queda una curiosidad histórica. Entre otras prácticas heterodoxas habituales para los seguidores de Prisciliano estaba la seudociencia astrológica. Nada de las prácticas de esa época asustan a nadie en los tiempos actuales, sin embargo en el siglo IV, aunque prácticas comunes para el pueblo, fueron anatemizadas en las cabezas de sus dirigentes. En la práctica astrológica de los seguidores de Prisciliano era común el uso de amuletos fabricados por ellos mismos (práctica muy extendida aún en Asturias y Galicia). Algunos de ellos recibieron el nombre de piedras priscilianistas y en la actualidad existe la creencia, según autores como Menéndez Pelayo y Manzanares Mir, de que, la famosísima y asturiana Cruz de los Ángeles, emblema de la ciudad de Oviedo, lleva engastadas dos piedras priscilianistas.


CRUZ DE LOS ÁNGELES



La Cruz de los Ángeles es una cruz griega tipo relicario de hacia el año 808. En años posteriores fue decorada en su anverso con 48 piedras preciosas. Su decoración fue realizada con 10 piedras en cada brazo lateral, 10 en el brazo superior, 9 en el brazo vertical y 9 en el rosetón central. Este número de piezas tiene que ver con números cabalísticos de un sistema docenal muy usado en la época (y aún de uso cotidiano)

Estas piedras están engastadas en cabujones. Una de ellas, colocada en el brazo izquierdo tiene una figura con una imagen claramente caprina, de cola tipo serpiente, cuerpo lanudo y con dos brazos, los cuales sujetan, uno de ellos una bola con un ancla y el otro un artilugio que podría ser un látigo. Debajo lleva la inscripción PHACA VAL. Esta figura es claramente el signo zodiacal Capricornio.


PHACA VAL


He aquí, según la tradición, al Priscilianismo incorporado a la emblemática de la capital asturiana. Pero aún hay más. En la Catedral ovetense, debajo de la Cámara Santa, se encuentra la cripta de Santa Leocadia en la cual hay un sepulcro adornado con toda la simbología prisciliana: el racimo de uvas, el árbol del mundo, etc. ¿Prisciliano en Galicia? ¿Prisciliano en Asturias? Es evidente que no existía una desagregación de estas dos regiones, existía una zona administrativa, romanizada, que se llamaba Gallaecia y que se conformaba con las diversidades étnicas de cántabros, astures, galaicos, etc. La extensión tan rápida de las ideas de Prisciliano y su mantenimiento por tantos siglos nos da idea de una base sociológica bastante uniforme. Gallegos-Asturianos, Asturianos-Gallegos. Al menos en esos siglos los unió Prisciliano, el primer hereje o ¿el primer mártir de la libertad de pensamiento?


Detalle de la Cruz de los Angeles

Camafeo en ágata de origen romano

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