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sábado, 28 de julio de 2007

LA GOLETA COVADONGA


La norteña ciudad de Piura, en el Perú, se despereza con la galbana propia de una calurosa ciudad tropical. El calor se barrunta a pesar del frescor mañanero que se percibe en su Plaza de Armas, frondosa plaza rodeada de tamarindos y algarrobos. Piura está cercana al desierto de Sechura (el más grande del Perú) y por Piura se desliza con placidez un río que nunca llega al mar, ni a otro río, sino que se desvanece en las calientes arenas. En Piura llueve poco, o nada, y mal, dependiendo de los caprichos de la corriente de “El niño” cuando se enfrenta con la corriente de “Humboldt”. En Piura la lluvia es un arenal. Piura es tierra de las culturas Wari y Vicús y por esta tierra anduvo Francisco Pizarro cuando fundó San Miguel en 1532, primera ciudad hispana del Perú, y tal vez su nombre está asociado al propio del Perú. En "La "Crónica Anónima" Pedro Pizarro dice que Piura fue el primer poblado de estas provincias:

"de quien toda la tierra e imperio tomó nombre de Piura que los españoles dicen Perú o Pirú"

Los pasos perdidos, que me hacen deambular desde temprano, me llevan ante la fachada de la casa natal de uno los próceres más representados en la estatuaria peruana, el almirante Don Miguel Grau Seminario (Piura, 1834 – A bordo del monitor Huáscar, 1879), llamado “EL caballero de los mares”.



Almirante Miguel Grau Seminario

Con interés creciente visité la casa natal y me fui metiendo en las curiosidades de las guerras del Pacífico del siglo XIX. Yo recordaba aún las clases magistrales de historia de mi querido profesor el P. Nicolás R. Verástegui (S.J.), allá por aquellos años colegiales de los sesenta en los Jesuitas de la Inmaculada de Gijón. En la Historia Contemporánea que estudiábamos, se pasaba muy superficialmente por las guerras que mantuvimos en el Pacífico en el siglo XIX, muchísimos años después de la emancipación de comienzos del mismo siglo, y de modo somero se hablaba de la guerra que, en 1866, llevó a España a guerrear con Perú y Chile, siendo los ataques a los puertos de Valparaíso y El Callao, los más importantes de aquella guerra.


¿Qué había iniciado las hostilidades de España con Chile y Perú? El detonante aún es un misterio histórico, pero algunos autores mencionan los sucesos que, en 1863, cuentan que apareció en aguas del Pacífico una escuadra española cuya finalidad nominal fue la de ser una expedición científica. Su intención era llegar a Valparaíso, el Callao y luego llegar a California. Cuando estuvieron en el puerto peruano de Talambo hubo un incidente entre vascos y peruanos en la hacienda Talambo en la ciudad del mismo nombre, cerca de Pacasmayo (al norte del Perú en el departamento de la Libertad) dando como resultado la muerte de un español. Se cree que esta disputa se inició por los reclamos de los grupos vascongados frente a la condición de explotación en la que se encontraban en dicha hacienda y ante la pasividad del gobierno peruano.

En 1864 España, que todavía no había reconocido la independencia del Perú, enviaba un comisario al país andino para que resolviera las viejas cuentas pendientes desde el virreinato colonial. El gobierno peruano exigió la presencia de un plenipotenciario español, a lo que la escuadra española comandada por el almirante Luis Trasero Hernández Pinzón (descendiente directo de los Pinzones que acompañaron a Colón) respondía el 14 de abril de 1864 con la toma de las islas Chinchas, vitales por su producción de guano. El 27 de enero de 1865 surgía un amago de negociación favorable a España, desautorizada por la opinión pública peruana, y las islas eran devueltas, pero la declaración de guerra a España por parte de Chile, aliada con Perú el 5 de diciembre del mismo año, reavivaba las hostilidades. En septiembre de 1865. el almirante español José Manuel Pareja entregaba en Valparaíso un ultimátum al gobierno del presidente chileno Pérez Mascayano, al que exigía un saludo con 21 cañonazos al emblema español, indemnización de tres millones de reales por la negativa chilena a abastecer de carbón a la flota española y la petición de excusas a la agraviada reina Isabel II. Chile respondía con su declaración de guerra a España el 14 de septiembre de 1865. En la batalla de Papudo, La Esmeralda, buque chileno, capturaba la goleta española Covadonga lo que provocaba el suicidio del Almirante Pareja, que era sustituido por el Brigadier Casto Méndez Núñez al mando de la Fragata Numancia, primera fragata blindada de la armada española y primera fragata blindada que pasó el estrecho de Magallanes y circundó la tierra, exactamente en 2 años, 7 meses y 6 días. En honor a este hecho pudo ser merecedora de portar el siguiente lema:

"Enloricata navis que primo terram circuivit"


Del mismo tenor que la que se le concedió a Juan Sebastián Elcano por ser el primero en circundar el mundo: “Primus circumdedisti me”.

De estas acciones de la guerra del Pacífico con el Perú, específicamente en el asedio y bombardeo marítimo de el Callao, aún recuerdo la frase (muy bien modulada por Verástegui) que el comandante de la escuadra española Casto Méndez Núñez, con la clásica arrogancia española le dijese al general Hugh Judson Kirlpatrick, Ministro Norteamericano en Chile, ante una eventual intervención de la escuadra norteamericana en contra de España:

“Me veré obligado a hundirlos, porque inclusive así me quede un barco procederé con el bombardeo. España, la Reina y yo preferimos el honor sin barcos que barcos sin honor”

Para cumplir todas estas amenazas Casto Méndez Núñez disponía de la flota más grande organizada por España desde Trafalgar, la cual incluía cuatro fragatas a hélice, una fragata blindada y una corbeta, es decir, la Numancia, Blanca, Restauración, Berenguela, Villa de Madrid, Almansa y Vencedora, que en su conjunto contaba con casi 250 cañones de diferente calibre.



Casto Méndez Núñez herido en combate a bordo de la fragata Numancia
según un óleo de Muñoz Degrain

Casto Méndez Núñez bombardeó durante tres horas Valparaíso, hasta devastarlo el 31 de marzo de 1866, y luego, en mayo, el día, que resultó ser poco auspicioso, 2 de Mayo de 1866, El Callao, el puerto de Lima. A pesar de haber bombardeado el Real Felipe, una fortaleza imponente, y de haber volado la torre blindada del Real Felipe ante la fuerte defensa de El Callao, las naves españolas se retiraban sin esperar a recibir las indemnizaciones que habían reclamado. La derrota en Abtao en febrero 1866 y la retirada del 9 de mayo de El Callao fueron decisivas. El armisticio se firmó en 1876 y a España le quedaron, de todo ello, más glorias que beneficios.

En todos estos relatos y sucesos me llamó la atención la presencia de la goleta Covadonga en la batalla de Papudo (26-11-1865), que hizo que pasase a manos chilenas. Me interesó el hecho de que mantuviesen el nombre de Covadonga, de rancias evocaciones españolas y quise saber que había ocurrido después con la goleta. La historia guerrera para la Covadonga no termina con la captura por parte de los chilenos. En 1866 participa en la batalla de Abtao, enfrentando a la armada española al mando de Méndez Núñez, en las inmediaciones del archipiélago de las Chiloé, dentro de lo que fue la Guerra del Pacífico entre España y la entente Chile, Perú. En esta batalla tomó parte también el asturiano Don Claudio Alvargonzález Sánchez (Gijón 1816-1896), capitán de la fragata Villa de Madrid, el mismo marino que describió Don Benito Pérez Galdós como :

“… curtido y fosco, de barba erizada y ojos fulgurantes, el primer lobo de mar de España”
(La vuelta al mundo en la Numancia)

La goleta Covadonga otra vez surcará los mares protagonizando, nuevamente, en otra Guerra del Pacífico, esta vez entre Chile y Perú con Bolivia, entre los años de 1879 y 1884, también llamada “Guerra del salitre”

En 1874, Bolivia y Chile firmaron un tratado reconociendo la soberanía de Bolivia sobre el desierto de Atacama. En ese mismo tratado se exceptuaba a las compañías de nitrato de Chile, de pagar nuevos impuestos en los próximos 25 años. Cuando Bolivia demandó un nuevo impuesto en 1878, Chile ocupó el puerto de Antofagasta y Bolivia le declaró la guerra con el apoyo de Perú. La marina Chilena ganó una batalla decisiva en el cabo Angamos en 1879, y su ejército tomó Tacna y Arica en 1880. Bolivia se retiró de la guerra pero Chile prosiguió la guerra hasta ocupar Lima forzando al gobierno Peruano a trasladarse a las tierras altas. Después de dos años de ocupación, el Perú aceptó las condiciones de paz de Chile por el Tratado de Ancón (Lima), el 20 de octubre de 1883, que cedió a Chile las provincias de Tarapaca, de Tacna y de Arica, con la condición de que se llevara a cabo un referéndum dentro de los diez años siguientes, aunque, aún seis días después de la firma del tratado, los chilenos ocupan la ciudad de Arequipa. El referéndum nunca tuvo lugar pero un tratado finalmente concluido, y definitivamente ratificado el 3 de junio de 1929, tras la mediación del presidente norteamericano Hoover, devolvía Tacna para Perú y Arica para Chile, aceptando este último país pagar a Perú una indemnización de seis millones de dólares.

¿Y que ocurrió con la Covadonga? La goleta "Covadonga" había sido construida en el Ferrol en 1858, desplazaba 630 toneladas, tenía un poder de máquinas de 160 H.P. que le permitía un andar de 4 nudos, estaba armada con 2 cañones de 70 libras (31,7 kilos), 4 cañones de 30 libras (13.60 kilos) y 2 cañones de 9 lbs (4 kilos) y calaba 11 pies (3,35 metros) y tenía blindaje externo. Esta goleta participó en la expedición científica de 1862 (llamada Comisión Científica Española al Pacífico) que protagonizó en 1863 los sucesos que dieron inicio a la Guerra del Pacífico como relaté anteriormente. En 1866 toma parte en la batalla de Abtao donde también participa la corbeta Unión al mando de Miguel Grau Seminario

El 21 de mayo de 1879, se produjo el Combate Naval de Iquique, en la rada de ese puerto, donde inicialmente combatieron los buques peruanos, monitor "Huáscar" y la fragata blindada "Independencia", contra los buques chilenos, corbeta "Esmeralda", y goleta "Covadonga" , que se encontraban manteniendo el bloqueo de ese puerto.


Combate naval de Iquique entre El Huáscar y la Esmeralda

Transcurrida una hora de combate, el "Huáscar" se dedicó a combatir con la "Esmeralda" y la fragata blindada "Independencia" comenzó a perseguir a la goleta "Covadonga", que abandonó el puerto y se dirigió al sur, manteniéndose navegando en aguas poco profundas. Así, el combate entre el "Huáscar" y la "Esmeralda" se denomina Combate Naval de Iquique, y ese entre la "Independencia" y la "Covadonga" se denomina Combate Naval de Punta Gruesa.
El 2 de Noviembre de 1879 participa en el asalto y toma de Pisagua, puerto chileno en la región del Tarapacá.

Al mando del monitor Huáscar estaba Don Míguel Grau Seminario quien pierde la vida el 8 de Noviembre de 1879 en la batalla de Angamos. Una granada del “Cochrane” estalló en la torre de mando del Huáscar destrozando al Almirante Grau y a su ayudante. Los pocos restos que se pudieron rescatar del Alamirante fueron enterrados en santiago de Chile hasta que en el año 1958 fueron devueltos a la nación peruana. A partir de 1879 el Huáscar perteneció a la armada chilena y hoy aún puede visitarse en el puerto chileno de Talcahuano.

La Covadonga tuvo peor destino. Al año siguiente, 1880, la Covadonga se presenta en la bahía de Chancay para cañonear una vía ferroviaria; cuando están anclando la goleta, la tripulación observa una lancha a la deriva, se aprestan a recogerla e izarla sobre su costado, cuando, en ese momento, estalla una poderosa carga explosiva que mata a más de 90 tripulantes y hunde la Covadonga en pocos minutos. Una perfecta trampa de bomba caza-bobos. Del desastre lograron salvarse 29 personas en el único bote que quedó de la goleta Covadonga, 12 de los cuales eran oficiales y el resto marineros. De los 109 hombres que tripulaban el buque enemigo 48 fueron hechos prisioneros y 32 murieron.

Aún hoy pueden encontrarse los restos de la Covadonga, bajo las tranquilas aguas del Pacífico, que ya forman parte de las reliquias históricas de la azarosa vida de un bajel español que, bajo la advocación de “La Santina”, la Virgen de Covadonga, patrona de los asturianos, primero fue goleta exploradora y científica y después guerrera bajo dos banderas, la española y la chilena después de su captura en 1865.

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